Llevar una alimentación saludable siempre es algo importante pero cuando somos pequeños es vital para tener un desarrollo adecuado. Los hábitos dietéticos y el ejercicio en nuestros primeros años, pueden marcar la diferencia entre una vida sana y el riesgo de sufrir enfermedades en años posteriores. Alimentarse bien no significa siempre lo mismo ya que en las diferentes etapas de la vida se necesitan distintos nutrientes.
Un aspecto que hay que tener muy en cuenta durante el primer año de vida es la cantidad de hierro que aporta la dieta, y por eso durante este periodo hay que vigilar rutinariamente la aparición de anemia ferropénica. La utilización de preparados o cereales enriquecidos con hierro y el consumo de alimentos ricos en este mineral pueden ayudar a prevenir este problema.
Entre el año y los 3 años el niño ya empieza a tener su personalidad y a escoger sus alimentos. Puede elegir entre diferentes sabores, texturas y colores y es importante que su nutrición haga frente a sus necesidades energéticas.
En muchos casos la alimentación de los pequeños no contiene las cantidades recomendadas de hierro, calcio, vitaminas A y D y vitamina C, por eso es muy importante que tengan una dieta equilibrada comiendo con regularidad frutas, verduras, legumbres y pescado, entre otros alimentos.
El hierro es muy importante tanto para el crecimiento físico como para el desarrollo mental, por ello, una alimentación baja en este mineral puede provocar anemia, retraso en el aprendizaje y, en casos extremos, puede llegar incluso a provocar retraso mental.
Un buen plato de lentejas o de estos alimentos, incorporado de forma regular en la alimentación, puede ayudar a mantener la cantidad de hierro necesaria que debemos consumir en nuestra infancia.
