La alimentación es un aspecto que debe ser muy cuidado porque asegura un adecuado crecimiento y desarrollo. En los primeros meses de vida, su alimento básico es la leche materna. Durante el primer año hay que introducir los alimentos de su dieta de forma progresiva, acorde al desarrollo del aparato digestivo, es decir, hay que ir adaptando la alimentación a la edad del niño, con el objetivo de que no supere sus posibilidades por un lado, pero para que tampoco se quede por debajo de lo que necesita para llevar a cabo una buena nutrición, ya que en esta etapa las necesidades nutricionales son muy exigentes.
El objetivo es ir introduciendo nuevos alimentos en el día a día del bebé, que poco a poco irá creciendo e irá necesitando nuevos nutrientes. Este proceso debe realizarse con cuidado y de manera progresiva, para evitar alergias y sobrecargas, y siempre teniendo en cuenta las circunstancias particulares del niño.
La alimentación debe ser variada y bien distribuida. Un buen consejo puede ser que no se repitan los alimentos durante dos días seguidos, y que las comidas estén muy repartidas a lo largo del día en 4-5 comidas de poco volumen.
En el caso de las legumbres, éstas deben ir adaptándose a las necesidades del niño, pero también a sus gustos. Las legumbres no se introducen en la alimentación hasta que casi haya cumplido el año, desde los 10-11 meses, y para que sean mejor aceptadas se pueden presentar trituradas en puré, mezcladas con mucha patata o con verdura (alimentos que le resultarán familiares)… tratando de aumentar la cantidad de legumbres según se va haciendo mayor.
