En estos artículos os daremos algunas claves con las que vuestro hijos encontrarán más divertido sentarse a la mesa:

1. Si no quiere comer, hay que hacer de la hora de la comida un momento más atractivo

Haz que intervenga en el “ritual” de la comida. Es muy importante la educación nutricional a estas edades ya que es determinante para tener buenos hábitos en el futuro.  A cada edad puede realizar una labor:
•    A partir de los 18 meses, puedes comenzar a llevarle al mercado y enseñarle las verduras y frutas por colores y por nombres. Una vez en casa, déjale ayudarte a ordenarlas, lavarlas y colocarlas en el plato o la fuente una vez cortadas.
•    A los 2 años pídeles que ayuden a elegir el mantel, a poner las servilletas o coger flores para el centro de la mesa.
•    Desde los 3 años, si sus movimientos son ya suficientemente coordinados pueden colaborar colocando los platos y cubiertos en la mesa.
•    A partir de los 4 años puede ayudarte o hacer él mismo una receta sencilla, bajo tu supervisión y que sin duda le abrirá el apetito. Si después de esto el niño sigue sin tener hambre, pídele que se siente en la mesa aunque no coma. Lo importante es no hacer un drama de la alimentación. Es importante crear un clima de actitudes positivas y no utilizar la comida o determinados alimentos como premio o castigo. En lo que respecta al menú, proponle que elija entre algunos platos, pero hazle comprender desde el principio que no está en un restaurante a la carta.
•    Y sobre todo, con los niños, es muy importante dar un buen ejemplo. Los niños aprenden por imitación y muchos hábitos que tendrán en el futuro dependerán de lo que hayan aprendido de sus mayores.

2. Platos de verdura y fruta más atractivos

En ocasiones, que los más pequeños tomen algunos alimentos como la fruta o la verdura puede resultar una pesadilla. Con algunos trucos podemos conseguir engatusar los estómagos más caprichosos para que coman de todo:
•    Sé creativo cuando prepares los platos, varía las formas de las verduras, córtalas de diferentes formas, en palitos por ejemplo, que podrán mojar en salsas (purés) de colores y texturas diferentes.
•    Corta la fruta en pequeños trozos y ensártala en un palito a modo de brocheta.
•    Haz macedonias de fruta o distintas verduras a la plancha.
•    Para combinarlas con lácteos, puedes tomar un yogurt con fresas, o echar sobre un plátano un yogur natural.
•    Haz una cara de payaso: ojos de aceitunas, nariz de champiñón, boca con un pimiento morrón y orejas con rodajas de tomate.
•    Prepara sándwiches vegetales en forma circular, canapés cortados en triángulos, bocadillos, ensaladas a modo de arco iris, pasteles de verduras...

Utiliza tu imaginación para hacer agradable los platos que menos le gustan. No hay duda que ese momento festivo le gustará y le hará olvidar que bajo esos adornos de colores se encuentra el puré de zanahoria que tanto le desanima.

3.  La socorrida sopa

Este plato tan querido por los niños puede servir para introducirlos en el consumo de verduras. Una opción es preparar un caldo con verduras variadas y prepararles sopas de fideos, estrellitas, letras o de lo que ellos quieran. Incluso se puede utilizar el puré de verduras en las sopas con una doble función, bien para espesarla o para añadir sabor.

Puedes leer más consejos en la segunda parte de este artículo.

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Tengo dos hijos de 3 y 5 años y las horas de la comida con ellos se han convertido en un suplicio. El pequeño odia comer, es la peor hora del día para él, no soporta sentarse a la mesa para desayunar, comer, cenar… Creo que ya ha interiorizado ese momento con algo que no le gusta y da igual el alimento que haya sobre la mesa. Además, el mayor, después de tanto ver al pequeño, ha comenzado a comportarse de la misma manera, aunque su conducta carece de sentido ya que siempre ha comido bastante bien (normal). ¿Cómo puedo hacer que la comida sea más atractiva para ellos, que lleguen a disfrutarla, a pesar de que ya la relacionen con un momento “malo” para ellos?

Por lo que describes, tu problema se centra únicamente en tu hijo pequeño, ya que la conducta del mayor responde claramente a una imitación al pequeño, con el objetivo de atraer más tu atención y provocar en ti la misma reacción que ofreces al hijo pequeño. Por ello, solucionando las horas de la comida de tu hijo de 3 años se terminará el problema.


Para ello, procura no llamar tanto su atención en las comidas. No dejes que sea para él un momento traumático, si no quiere comer, es mejor no forzarle. Ante todo es importante crear un clima de actitudes positivas sin utilizar la comida como premio o castigo. Hay que tratar el tema de al alimentación con naturalidad explicando la importancia de ciertos hábitos saludables la salud.


Por otro lado, para que se sienta atraído por la comida, a la vez que reacciona ante tu cambio de postura, los alimentos pueden presentarse de una manera más divertida, cuidando sobre todo la presentación y haciéndoles partícipes de la preparación de sus platos. Por ejemplo, pregúntale qué comida llevan los niños al cole para media mañana. Relacionará la hora de la comida con la que vive en el colegio y se sentirá más cómodo cuando lo haga en casa.

Hay que ser creativo cuando preparan los platos, corta las verduras de diferentes formas, en palitos por ejemplo, que podrán mojar en salsas (purés) de colores y texturas diferentes.


Una vez que empiecen a participar más del acto de comer desde la comprensión, también se le puede proponer al niño que ayude en las tareas de poner la mesa. Dale los platos y cubiertos y enséñale cómo se colocan, juega con los colores del mantel a la vez que aprende los procesos y ve felicitándole por hacerlo bien. Tarde o temprano los pequeños irán haciendo del momento de la comida uno de los mejores del día.

La alimentación infantil debe ser correcta para un adecuado crecimiento y desarrollo. La dieta de los niños debe ser equilibrada, variada y suficiente para cubrir sus necesidades nutricionales. Pero además, debe gustar a los pequeños y cumplir con una función educativa de hábitos saludables para el futuro, lo que llega a convertirse en una difícil labor en muchos casos.


Para ayudar a los padres a que la alimentación de los más pequeños sea sana, te ofrecemos una serie de consejos para conseguir que los más pequeños disfruten comiendo de forma saludable, que desarrollaremos en dos artículos.

 

1. Comer puede convertirse en algo muy divertido

Una de las mejores maneras de disfrutar de las comidas es hacerlo en compañía de la familia y los amigos, en casa o en el colegio. Resulta interesante observar qué escogen los demás, qué opciones son las más deseadas o qué alimentos eligen para rellenar sus bocadillos. Pregúntale a tu hijo qué llevan los demás al recreo o qué ve en los platos de la comida. Por ejemplo: ¿Cuántos tipos de frutas y verduras distintos ve?

 

2. La variedad en la alimentación debe ser ley fundamental

Para gozar de buena salud, es necesario ingerir a diario alimentos de todos los grupos ya que no existe un alimento que contenga todos los nutrientes que necesitamos a lo largo del día. Es muy importante elegir una variedad de alimentos para evitar dietas monótonas. La mejor forma de llevar una dieta variada, consiste en comer todos los días distintos tipos de alimentos del mismo grupo.

 

3. Los carbohidratos deben ser la base de la alimentación

Al menos la mitad de las calorías de la dieta deben provenir de alimentos ricos en carbohidratos. Este nutriente es la principal fuente de energía para el organismo y se encuentra en los cereales, arroz, pasta, patatas, pan y por supuesto también en las legumbres.
Por ello, es necesario incluir como mínimo uno de ellos en cada comida.


4. Beber mucho

Una correcta hidratación es importante para una alimentación saludable. Además del agua que aportan los alimentos (especialmente frutas y verduras) es necesario adquirir el hábito de beber, fundamentalmente agua, mínimo 5 vasos al día.


La sensación de sed es una señal de defensa del cuerpo ante  falta de agua por lo que no debemos esperar a tener sed para beber. Además de agua se pueden elegir otras bebidas como zumos de fruta, té, o leche. Es importante reducir la frecuencia de consumo de refrescos ricos en azúcares.

 

5. El desayuno es la comida más importante

Cada mañana, es necesario empezar el día con un buen desayuno. Es la primera comida del día tras el ayuno nocturno y con la que los pequeños afrontarán las tareas de la mañana. Por ello, un buen desayuno es esencial, ya sea para ir al colegio o para dar una vuelta durante el fin de semana. Esta recomendación es extensible también para los adultos que además son un modelo y un referente para los niños.


Algunos estudios señalan que un buen desayuno contribuye a mejorar el rendimiento y que las personas que desayunan comen mejor el resto del resto del día. Un desayuno equilibrado se compone de un alimento del grupo de los lácteos una pieza de fruta y un alimento rico en carbohidratos tipo pan, cereales o galletas.

Leer la segunda parte del artículo

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