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Cuando preparamos ciertas comidas en las que es necesaria una especial atención a la sal, como pueden ser potajes, cocidos y otros platos caseros o "de puchero", corremos el peligro de que la comida nos quede sosa o muy salada si no medimos bien las cantidades, sobretodo si preparamos comida para muchas personas.
Si a pesar de tener cuidado con la cantidad de sal que echamos, cuando probamos la comida notamos que está salada, podemos compensar el sabor echando una patata pelada. Dejamos hervir la comida con la patata y ésta absorberá parte de la sal, equilibrando el sabor de nuestra comida.
¿A quién no le ha salido mal un plato alguna vez por culpa de una sartén que se pega? Si quieres evitar estropear tu sartén o que se te peguen los alimentos por utilizar una ya desgastada, en El Hostal te ofrecemos algunos trucos:
1. Un viejo truco es esparcir sal en el fondo de la sartén después del aceite. Al calentarse se creará una película que evitará que los alimentos se peguen.
2. Otra solución es untar el fondo con un trozo cebolla cada vez que vayas a usar la sartén, así evitarás que se pegue además de proporcionar a la comida un toque de sabor.
Son muchas las personas que tienen entre sus propósitos del nuevo año comenzar a alimentarse de una manera más saludable, sobre todo tras una época de excesos y descontrol nutricional. La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) ha estimado que la ganancia de peso en las pasadas fechas es de entre dos y cuatro kilos, un extra que cada vez es más complicado de equilibrar a medida que pasan los años.
La clave para una pérdida de peso saludable es mantener una alimentación equilibrada y variada durante todo el año, en la que se controlen las cantidades y se complemente con ejercicio. En este sentido y para mejorar nuestra alimentación, los expertos de Alimentos Naturales han condensado en este decálogo una serie de consejos con los que conseguir una nutrición completa y sana.
1. Los carbohidratos deben ser la base de la alimentación. Al menos la mitad de las calorías de la dieta deben provenir de alimentos ricos en carbohidratos. Este nutriente es la principal fuente de energía para el organismo y se encuentra en los cereales, arroz, pasta, patatas, pan y, por supuesto, también en las legumbres.
2. Aprovecha los alimentos poco procesados, frescos y de temporada. Esto te permitirá consumir productos en su mejor momento tanto desde el punto de vista organoléptico (sabor y aroma) como desde el punto de vista nutricional. La disponibilidad de vitaminas y minerales es mayor en productos frescos y mínimamente procesados.
3. Utilizar el aceite de oliva como principal grasa de adición. Es un alimento rico en vitamina E, beta-carotenos y ácidos grasos monoinsaturados que le confieren propiedades cardioprotectoras. El aceite de oliva es el elemento básico de la dieta mediterránea y es la grasa culinaria más saludable.
4. Consumir alimentos de origen vegetal en abundancia: frutas, verduras, legumbres y frutos secos. Las frutas, verduras, hortalizas y legumbres son la principal fuente de vitaminas, minerales, antioxidantes y fibra de nuestra dieta. Las frutas, verduras y hortalizas aportan una gran cantidad de agua, las legumbres suponen una fuente importante de proteína y los frutos secos de grasas saludables.
5. Moderar el consumo de carnes grasas y consumir más pescado y huevos. La carne de ave y de conejo y determinados cortes de la vaca, buey y cerdo (lomo, solomillo) tienen menor contenido en grasa. Las carnes grasas deben consumirse con moderación en favor del pescado, que deberíamos consumir de al menos 2 piezas por semana.
6. Una correcta hidratación es importante para una alimentación saludable. Además del agua que aportan los alimentos (especialmente frutas y verduras) es necesario adquirir el hábito de beber, fundamentalmente agua, mínimo 5 vasos al día.
7. La variedad en la alimentación debe ser ley fundamental. Para gozar de buena salud, es necesario ingerir a diario alimentos de todos los grupos, ya que no existe un alimento que contenga todos los nutrientes que necesitamos a lo largo del día.
8. Consumir diariamente productos lácteos, preferentemente desnatados. Este grupo de alimentos es la principal fuente de calcio de la dieta. Además aportan vitaminas A y D, que también se pueden encontrar en los productos desnatados, con menos calorías y grasas.
9. Consumir cinco piezas de fruta al día. La fruta fresca se puede consumir en cualquier momento del día, en el desayuno, como postre o tentempié. El aporte de vitaminas, minerales, antioxidantes y fibra junto con su reducido aporte calórico contribuyen a conseguir una dieta saludable. Trata de tomar 5 raciones de fruta y verdura a diario.
10. El ejercicio diario complementa una buena alimentación. Para completar un estilo de vida saludable hay que combinar la alimentación con la práctica habitual de actividad física. El ejercicio nos ayudará a estar más positivos y elevará nuestro estado de ánimo.
Está es la segunda parte del artículo en el que os contamos algunos consejos para hacer más divertidas las comidas. A continuación os mostramos más recomendaciones.
Las verduras se pueden combinar con muchos alimentos para hacer menos problemática su ingesta en los menús infantiles:
• Con los huevos: podemos preparar huevos con queso y tomate, huevos sobre tostadas con espinacas, revueltos con champiñón y jamón. No debemos olvidar la tortilla, que nos sirve muy bien para camuflarle las verduras y las podemos hacer de infinidad de cosas (champiñón, espinacas, judías verdes, patatas, pimientos, espárragos, etc).
• Con pescado: filetes de gallo con ensalada (ésta lleva arroz, judías verdes partidas y cocidas, zanahoria picada, apio picado, tomate troceado), pastel de pescado y verduras, pescado relleno, flan de espinacas y gambas, etc.
• Con carne: tiras de pollo empanadas con salsa de tomate, hamburguesitas de pollo y calabacín, hamburguesitas de pollo y zanahorias (para realizarlas basta con cortar las zanahorias y los calabacines en cuadritos pequeños y freírlos con un poco de cebolla, mezclar esto con la carne y proceder a hacer la hamburguesa de la forma habitual, se puede usar también carne de ternera y de cerdo), espinacas salteadas con jamón, etc.
• Con arroz: Paella de verduras, ensaladas de arroz (con maíz, zanahorias, aceitunas, pimiento morrón champiñón), arroz tres y cinco delicias, etc.
• Con pasta: canelones de acelgas, lazos de pasta con salchichas y espinacas, espaguetis con champiñones, bacon y nata, lasaña, canelones y macarrones de carne (junto con ella haremos un sofrito con tomate, zanahoria, cebolla, puerro).
• Con legumbres: Nos admiten diferentes formas como añadirle a los potajes (garbanzos y lentejas) trocitos de zanahorias, judías verdes, espinacas, etc. También se pueden preparar ensaladas (de garbanzos, con tomatito cereza, bonito y lechuga).
• Para que las legumbres no sean rechazadas por los niños, se pueden preparar como si fueran falafels, que se hacen con el garbanzo crudo remojado, colado y pasado por la trituradora, añadiendo ajo, comino, cebolla cruda, perejil y huevo hasta obtener una masa compacta que podemos freír o hacer al horno. Se acompaña con una salsa hecha con yogurt y pepino muy picado.
• Otra forma es hacer croquetas, en ese caso las añado enteras mezcladas con la masa de bechamel muy densa y con cebollita fritita previamente. Para comerlas preparo una salsa de tomate o un pisto de acompañamiento.
• Con las alubias podemos conseguir un paté igual de cremoso y sabroso ideal para mojar y picar panecillos, grisines o varitas de verduras. Es una forma de que los niños coman legumbres más allá de los típicos potajes. Es hora de hacer platos más frescos y ligeros con las legumbres. Esta receta es ideal para servir en un buffet para una fiesta de cumpleaños o con otro motivo en la que los niños no están sentados a la mesa.
Mi truco es pasárselo en forma de puré ya que no es fácil que los niños se coman las legumbres. De un modo sencillo podremos añadir otra serie de condimentos que puedan disfrazar el sabor de la lenteja si no les gusta.
Muchos niños comen por la vista. Cuando ven un plato de lentejas muchos pequeños ya no quieren por el simple hecho de verlas y automáticamente dicen que no les gustan. Una opción para que coman lentejas es triturarlas en puré mezcladas con una buena cantidad de patatas.
En estos artículos os daremos algunas claves con las que vuestro hijos encontrarán más divertido sentarse a la mesa:
Haz que intervenga en el “ritual” de la comida. Es muy importante la educación nutricional a estas edades ya que es determinante para tener buenos hábitos en el futuro. A cada edad puede realizar una labor:
• A partir de los 18 meses, puedes comenzar a llevarle al mercado y enseñarle las verduras y frutas por colores y por nombres. Una vez en casa, déjale ayudarte a ordenarlas, lavarlas y colocarlas en el plato o la fuente una vez cortadas.
• A los 2 años pídeles que ayuden a elegir el mantel, a poner las servilletas o coger flores para el centro de la mesa.
• Desde los 3 años, si sus movimientos son ya suficientemente coordinados pueden colaborar colocando los platos y cubiertos en la mesa.
• A partir de los 4 años puede ayudarte o hacer él mismo una receta sencilla, bajo tu supervisión y que sin duda le abrirá el apetito. Si después de esto el niño sigue sin tener hambre, pídele que se siente en la mesa aunque no coma. Lo importante es no hacer un drama de la alimentación. Es importante crear un clima de actitudes positivas y no utilizar la comida o determinados alimentos como premio o castigo. En lo que respecta al menú, proponle que elija entre algunos platos, pero hazle comprender desde el principio que no está en un restaurante a la carta.
• Y sobre todo, con los niños, es muy importante dar un buen ejemplo. Los niños aprenden por imitación y muchos hábitos que tendrán en el futuro dependerán de lo que hayan aprendido de sus mayores.
En ocasiones, que los más pequeños tomen algunos alimentos como la fruta o la verdura puede resultar una pesadilla. Con algunos trucos podemos conseguir engatusar los estómagos más caprichosos para que coman de todo:
• Sé creativo cuando prepares los platos, varía las formas de las verduras, córtalas de diferentes formas, en palitos por ejemplo, que podrán mojar en salsas (purés) de colores y texturas diferentes.
• Corta la fruta en pequeños trozos y ensártala en un palito a modo de brocheta.
• Haz macedonias de fruta o distintas verduras a la plancha.
• Para combinarlas con lácteos, puedes tomar un yogurt con fresas, o echar sobre un plátano un yogur natural.
• Haz una cara de payaso: ojos de aceitunas, nariz de champiñón, boca con un pimiento morrón y orejas con rodajas de tomate.
• Prepara sándwiches vegetales en forma circular, canapés cortados en triángulos, bocadillos, ensaladas a modo de arco iris, pasteles de verduras...
Utiliza tu imaginación para hacer agradable los platos que menos le gustan. No hay duda que ese momento festivo le gustará y le hará olvidar que bajo esos adornos de colores se encuentra el puré de zanahoria que tanto le desanima.
Este plato tan querido por los niños puede servir para introducirlos en el consumo de verduras. Una opción es preparar un caldo con verduras variadas y prepararles sopas de fideos, estrellitas, letras o de lo que ellos quieran. Incluso se puede utilizar el puré de verduras en las sopas con una doble función, bien para espesarla o para añadir sabor.
Puedes leer más consejos en la segunda parte de este artículo.
Tengo dos hijos de 3 y 5 años y las horas de la comida con ellos se han convertido en un suplicio. El pequeño odia comer, es la peor hora del día para él, no soporta sentarse a la mesa para desayunar, comer, cenar… Creo que ya ha interiorizado ese momento con algo que no le gusta y da igual el alimento que haya sobre la mesa. Además, el mayor, después de tanto ver al pequeño, ha comenzado a comportarse de la misma manera, aunque su conducta carece de sentido ya que siempre ha comido bastante bien (normal). ¿Cómo puedo hacer que la comida sea más atractiva para ellos, que lleguen a disfrutarla, a pesar de que ya la relacionen con un momento “malo” para ellos?
Por lo que describes, tu problema se centra únicamente en tu hijo pequeño, ya que la conducta del mayor responde claramente a una imitación al pequeño, con el objetivo de atraer más tu atención y provocar en ti la misma reacción que ofreces al hijo pequeño. Por ello, solucionando las horas de la comida de tu hijo de 3 años se terminará el problema.
Para ello, procura no llamar tanto su atención en las comidas. No dejes que sea para él un momento traumático, si no quiere comer, es mejor no forzarle. Ante todo es importante crear un clima de actitudes positivas sin utilizar la comida como premio o castigo. Hay que tratar el tema de al alimentación con naturalidad explicando la importancia de ciertos hábitos saludables la salud.
Por otro lado, para que se sienta atraído por la comida, a la vez que reacciona ante tu cambio de postura, los alimentos pueden presentarse de una manera más divertida, cuidando sobre todo la presentación y haciéndoles partícipes de la preparación de sus platos. Por ejemplo, pregúntale qué comida llevan los niños al cole para media mañana. Relacionará la hora de la comida con la que vive en el colegio y se sentirá más cómodo cuando lo haga en casa.
Hay que ser creativo cuando preparan los platos, corta las verduras de diferentes formas, en palitos por ejemplo, que podrán mojar en salsas (purés) de colores y texturas diferentes.
Una vez que empiecen a participar más del acto de comer desde la comprensión, también se le puede proponer al niño que ayude en las tareas de poner la mesa. Dale los platos y cubiertos y enséñale cómo se colocan, juega con los colores del mantel a la vez que aprende los procesos y ve felicitándole por hacerlo bien. Tarde o temprano los pequeños irán haciendo del momento de la comida uno de los mejores del día.
Comer legumbres es un saludable placer. Además de su exquisito sabor ofrecen una gran riqueza nutricional, a través del aporte de hidratos de carbono, proteínas fibra y vitaminas y minerales. Además presentan un bajo aporte de grasa. Esta riqueza nutricional permite que las legumbres contribuyan de forma muy positiva en la realización de una dieta saludable.
Las principales legumbres consumidas por el hombre son las lentejas, guisantes, habichuelas o judías, habas, garbanzos, frijoles, judías verdes, altramuces, soja y cacahuetes. La composición básica de las legumbres es parecida entre todas las variedades del grupo. Tienen una densidad energética comparable a la de los cereales, cercana al 65% por ciento de hidrato de carbono, un 20 por ciento de proteína y cerca de un 4 por ciento de lípidos. Además contiene cantidad apreciables de minerales ( hierro, cobre), y vitaminas (tiamina, niacina y caroteno, que posteriormente será transformado en vitamina A). Las legumbres tiernas, como las judías verdes, guisantes o las habas, tienen un contenido energético menor que las legumbres que se consumen secas.
Cabe destacar su elevado contenido en proteínas que viene dado por una de sus particularidades biológicas, que las distinguen del resto de las plantas: en sus raíces contiene microorganismos simbióticos que la ayudan a mantener el nitrógeno del suelo para fabricar sus propios aminoácidos.
Todas ellas contienen proteínas con una buena proporción de aminoácidos esenciales, un aspecto importante de cara a una buena salud, sobre todo en los seguidores de dietas vegetarianas en los que las legumbres constituirán su principal aporte de proteína.
La legumbre es, por todo ello, uno de los ingredientes fundamentales en la dieta mediterránea y la base de muchos platos exquisitos que en otoño o invierno hacen las delicias en los platos de cuchara o en primavera o verano en ensaladas y guarniciones.
La dieta mediterránea no es simplemente un patrón de alimentación. Es mucho más que eso, es un estilo de vida sana en la que se combinan muchos factores. Alimentación saludable, actividad física, buen humor, las reuniones con familiares y amigos alrededor de la comida, grandes paisajes, buenos cultivos… es una dieta que engloba una serie de valores compartidos por muchos pueblos, y que a su vez han vivido bajo la riqueza de la propia cuenca mediterránea.
Dentro de esa dieta mediterránea, uno de los pilares es la gran riqueza y variedad de cultivos de los campos de esta zona región. Y dentro de los productos que basan esta alimentación (verduras, trigo, oliva, fruta, pescado, huevos, quesos, frutos secos…) cobra especial importancia el conjunto de las legumbres para mantener una dieta saludable.
Incorporar las legumbres a la dieta habitual, 3-5 días a la semana como dicta la dieta mediterránea, es muy beneficioso. Las legumbres son una fuente importante de hidratos de carbono de absorción lenta y fibra. Contienen una gran cantidad de vitaminas y minerales, y son bajas en grasas. Además aportan proteinas que combinadas adecuadamente con otros alimentos típicamente mediterráneos como los cereales consiguen que su calidad sea comparable a la proteína de los productos animales. Por ello, su consumo ayuda a equilibrar la proporción entre proteínas de origen animal y vegetal, y esto contribuye a reducir el aporte ácido úrico y mejorar el aporte de grasa y de colesterol del conjunto de la dieta.
Desde el punto de vista culinario, las legumbres requieren un proceso de conservación muy sencillo, y son producto muy versátil a la hora de elaborar recetas, pues se pueden preparar en sopas, guisos, purés, asados…
Por todo ello, las legumbres, son uno de los grupos de alimentos más completos que existen para enriquecer nuestra alimentación y por supuesto un ingrediente clave de la dieta mediterránea.
La alimentación es un aspecto que debe ser muy cuidado porque asegura un adecuado crecimiento y desarrollo. En los primeros meses de vida, su alimento básico es la leche materna. Durante el primer año hay que introducir los alimentos de su dieta de forma progresiva, acorde al desarrollo del aparato digestivo, es decir, hay que ir adaptando la alimentación a la edad del niño, con el objetivo de que no supere sus posibilidades por un lado, pero para que tampoco se quede por debajo de lo que necesita para llevar a cabo una buena nutrición, ya que en esta etapa las necesidades nutricionales son muy exigentes.
El objetivo es ir introduciendo nuevos alimentos en el día a día del bebé, que poco a poco irá creciendo e irá necesitando nuevos nutrientes. Este proceso debe realizarse con cuidado y de manera progresiva, para evitar alergias y sobrecargas, y siempre teniendo en cuenta las circunstancias particulares del niño.
La alimentación debe ser variada y bien distribuida. Un buen consejo puede ser que no se repitan los alimentos durante dos días seguidos, y que las comidas estén muy repartidas a lo largo del día en 4-5 comidas de poco volumen.
En el caso de las legumbres, éstas deben ir adaptándose a las necesidades del niño, pero también a sus gustos. Las legumbres no se introducen en la alimentación hasta que casi haya cumplido el año, desde los 10-11 meses, y para que sean mejor aceptadas se pueden presentar trituradas en puré, mezcladas con mucha patata o con verdura (alimentos que le resultarán familiares)… tratando de aumentar la cantidad de legumbres según se va haciendo mayor.
El Hostal lanza el primer humus envasado en ambiente, un producto pionero en el mercado español que busca difundir el consumo de legumbre en nuevos grupos de consumidores, gracias a su sencilla preparación, gran sabor y óptimas propiedades nutricionales.
Existe una nueva manera de tomar legumbre que aúna tradición e innovación. El Hostal lanza el primer humus en ambiente del mercado español, que permite una preservación sencilla con una importante ventaja: facilita su conservación tanto en la despensa de nuestro hogar como en los lineales de los supermercados, lo que lo hace mucho más cómodo y sencillo de mantener respecto a otras cremas de garbanzo, que necesitan refrigeración.
El humus es un plato tradicional elaborado a base de puré de garbanzos con zumo de limón, una pasta de semilla de sésamo y aceite de oliva. Esta base se completa con otros ingredientes según cada variante local, como ajos, comino o pimentón (generalmente espolvoreado al servirse). Es un plato muy popular a lo largo de todo Oriente medio y próximo. Algunos de los países en donde se consume habitualmente hummus son Israel, Líbano, Palestina, Turquía, Grecia, Siria, Armenia, Chipre y también Grecia, aunque en variedad diferente.
El Hostal propone un humus de gran cremosidad, siempre listo para ser consumido, y que conserva todas sus propiedades. Basta con añadir aceite de oliva al gusto en el momento en que se va a consumir para conseguir un plato con la frescura de un producto recién preparado, proporcionando una solución de calidad para nuestra cocina.
El humus redescubre una forma sana y divertida de consumir el garbanzo y acerca la legumbre a otros consumidores que buscan tanto nuevas maneras de preparación. Su cómoda presentación pretende extender su consumo a cualquier momento del día, ya sea en el aperitivo o en la tarde, además de proporcionar otros sabores y texturas a nuestros platos.
Con esta novedad, El Hostal trata de incorporar al consumo de legumbres a los más jóvenes, un grupo que no toma la suficiente cantidad semanal de legumbre, necesaria para llevar una dieta equilibrada y saludable. Esta crema de garbanzos es una alternativa sana y nutritiva a otros preparados para picar que destacan por su mayor aporte de grasas, y es una perfecta opción para el aperitivo o como un tentempié a cualquier hora, acompañando a carnes o pescados como guarnición en las comidas, dándole a los garbanzos un enfoque alejado del cocido tradicional de cuchara.